Entre los anillos de este árbol permanece un poema de Carlos Bousoño, «Introducción a la noche», publicado en 1957.
«Y sin embargo, eres.
Y sin embargo naces
como las hierbas verdes
y los nudosos árboles.»
Habla de la vida que, a pesar del paso del tiempo, de la noche, de las dificultades y de nuestra propia fragilidad, insiste en existir. Nacer, renacer, aferrarse a las cosas, vivir, existir, arder.
Quizás hoy su mensaje siga siendo el mismo: aunque la vida cambie, duela o nos ponga a prueba, seguimos aquí. Y, sin embargo, somos. Y, sin embargo, vivimos.
Un anillo por año. Quizás unos 100 años de historia. Algunas vidas estuvieron aquí, otras ya no existen. Años de crecimiento, de sol y lluvia, quizás de sequía, de alguna poda… huellas de todo lo que fue sucediendo.
Y pienso que algo parecido nos pasa a nosotros. También vamos dejando nuestros propios anillos: experiencias, personas, momentos, heridas y aprendizajes.
Por eso, no le prestes tanta atención a cómo te ves en Instagram. Trata de vivir con pasión. Y si todavía no puedes vivir de tu pasión, trabaja en función de ella. Siempre habrá un «mientras tanto» hasta llegar a donde quieres estar.
Porque, al final, mañana nadie recordará el color de tu camisa. Pero quizás sí recuerde cómo le hiciste sentir.
«Y sin embargo eres, y sin embargo haces…»
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